27 oct 2014

El baño

Llego a casa y me voy deshaciendo de la ropa, la abandono a lo largo del pasillo como las migas de pan de Hansel en el bosque. Al llegar a la puerta del baño ya solo me queda el tanga que empapado de mi esencia ha servido de barrera para que el líquido no fluyera por mis muslos. Se me pega al clítoris con el que se ha sobado todo el tiempo intensificando mi fuego interno.
Necesito meterme pronto en la bañera, que el agua fresca y jabonosa ayuden a mis manos a proporcionarme ese desahogo que mi cuerpo y sobre todo mi entrepierna piden a gritos.Me lo quito y chorreante cae al suelo, me sumerjo. 
Me acaricio el pecho pinzando mis pezones arranco los primeros jadeos, bajo a mi abdomen y singo rumbo sur. Mis  pensamientos han encontrado su lengua, esa lengua que se pasea por los labios y los humedece en cuanto poso mis ojos sobre el. Mis dedos resbalan por mi vulva hinchada de deseos insatisfechos. Tengo que remediarlo y me acaricio primero despacio, imaginando que son sus dedos esos a los que miro con lujuria, los introduzco en mi y, más jadeos. 
Oigo su respiración en mi oído, sintiendo el calor de su cuerpo a mi espalda, acelero mis movimientos porque ahora percibo claramente su olor a sudor fresco, ya no puedo parar, me pellizco suavemente y sus labios se presentan nuevamente en mis deseos como si fueran ellos los que mordisquearan mi vulva ya no puedo más, siento como el placer de mi orgasmo escala posiciones en mi cuerpo arqueo mi espalda y mis gemidos son sonoros anuncios de mi próxima pequeña muerte que ya está aquí y se apodera de mi cuerpo, de mi mente.
Lentamente pasan los segundos para convertirse en minutos, abro los ojos contemplo mi imagen reflejada en el espejo, una sonrisa maliciosa se ha instalado en mi cara.
Definitivamente el trayecto en el metro desde hace unas semanas, cuando nuestras miradas se encontraron y nuestros cuerpos comenzaron a rozarse se ha convertido en un dulce y sofocante ejercicio diario al que no pienso renunciar aunque el taller me haya devuelto el coche hace ya días...